Flamante
Mi nombre es Patricia Cortés, soy periodista. Tengo dos trabajos de medio tiempo, bueno, es mas acertado decir dos trabajos de medio año. Paso 6 meses en argentina, trabajando en una empresa de periodismo, y los otros 6 meses que quedan en España, básicamente me pagan por comunicar todo sobre la vida real, ósea, sobre la realeza.
Es una larga historia como acepte este trabajo. Aunque tenga un buen sueldo, este trabajo me priva de muchas cosas. A mi edad, 28 años, no he podido establecer una relación seria. Cuando era chica pensaba que a los 28 años estaría en mi casa preparando la cena de navidad para mis hijos y esposo. Creo que en la niñez es cuando mas imaginamos cosas, y mas cosas de las que imaginamos no se cumplen. Éramos muy ingenuos.
Quería ser una princesa, y poder encontrar a mi príncipe azul. Tener muchos hijos y vivir felizmente en argentina, visitar todos los domingos a mis padres, a veces organizar almuerzos con mis hermanos, sus esposas y sus hijos, que jugarían con los míos. Vaya ironía, ahora yo “estudio” cada movimiento de los príncipes. Es como aquel que adora actuar pero lo hace tan mal que se dedica a la producción de cines, solamente para estar cerca de lo que siempre fue su verdadero sueño.
Iba a tener 3 hijos, uno al que llamaría Manuel, el mayor. Luego vendrían, Carola y Juan. Manuel y Juan estudiarían en una escuela técnica seguramente, siempre fui muy tradicional. Carola terminaría siendo una exitosa economista. Posiblemente, es todo lo que soñó mi madre para mis hermanos y yo. Sebastián, mi hermano mayor, es abogado. Tiene mucho éxito. Luego mi hermano, José y yo, fuimos rebeldes, nunca quisimos estudiar nada en concreto. Éramos artistas. José es un reconocido publicista ahora, y yo, bueno... periodista de turno. Hoy en día los adolescentes no quieren hacer nada, supongo que mis padres no están tan decepcionados por nosotros dos.
Creo que la decepción es personal en este caso, yo me decepcione a mi misma. No se si fui inocente y un tanto errada al pensar que mis cuadros, mis relatos y esa banda que forme cuando tenia algo así como 17 años, tendrían éxito. De repente vi que aca el que no trabaja (trabajar en una oficina, en una empresa o lo que sea, porque para este país pintar cuadros es algo que haces en 10 minutos y cuando estas aburrido) no come. ¡Que cruel realidad!
Pensé en lo que podría darme algo de dinero para vivir y que no traicionara demasiado mis ideales de artista, y así surgió… periodismo. Pienso que en lo de dinero no me fue tan mal. Pero deje toda mi vida atrás, para convertirme en una capitalista que piensa que el trabajo y el dinero es “lo más”. Otra cruel realidad, que me hace inclinar la cabeza y avergonzarme.
Bueno como sea, reflexiones de mierda que lo único que hacen es amargar todavía mas este clima navideño un tanto nefasto y otro tanto decepcionante.
Bien, ahora me centro un poco en lo que supuestamente es el tema principal: Como pude aceptar un trabajo tan… inhumano. Es una larga historia, pero no tengo apuro.
Hace aproximadamente 3años, estaba en mis flameantes 25 años. Conocí al hombre de mi vida, o por lo menos eso fue lo que me hizo ver la cursilería junto a mi estupida inocencia. Él era todo un Clark kent. Alto, bastante alto, delgado pero musculoso, con esos ojos verdes que te comían con solo mirarte, y una cabellera muy bien cuidada color perla negra.
Debo admitir que ese nunca fue el estereotipo de hombres que me gustaron, pero a que mujer muy por dentro no le gusta ese tipo de hombre, ¿a quien no? Yo estaba ya acostumbrada a estar con chicos un tanto hippies con un toque agresivo proveniente de la música pesada. Cada vez que traía a uno de esos a casa, mamá no decía nada, simplemente movía su cabeza con un gesto de “No, no.”
Un día me canse de andar con hombres que olían a chimenea en pleno invierno, y a licorería en un sábado por la noche. De repente, te pones a reflexionar porque te gusta algo y te terminas dando cuenta de que en realidad ya no te gusta, es solo costumbre.
Entonces, fue por esa época que conocí al “galán”. Fue tan de película desde el principio, yo iba caminando con miles de papeles encima muy apurada, y justo me choco con él. Muy caballero él, me recoge todo el papelerio, y luego se presenta, me dice me llamo Nicolás Calderón. Justo en el momento en el que estaba por gritarle: “Que te pasa? No ves que voy apurada?” atine a mirarlo y a pensar antes de hablar. Me calle…, lo miré y ahí supe que no había nada mas que decir.
Nos veíamos seguido, me daba vergüenza, no sabia de que hablarle. Parecía tan refinado, tan príncipe azul que tenia miedo de abrir la boca y arruinar el sueño de todo mujer que está vez me había tocado a mi.
Con su grandioso vocabulario y su capacidad de habla te podía hacer creer lo que quieras, él no solo me volvía loca sino que me hacia creer que era mutuo. Y yo siempre le creí, como algo tan bello podría dañarte? No enseñan eso en la televisión? O de donde mierda lo saque?
Pero como todo “ken” que parece perfecto, con su cabellera rubia de plástico duro que nunca se va a despeinar por grande que sea el viento, sus dientes blancos y esa sonrisa que nunca cambia. Tarde o temprano te das cuenta, que al bajarle los pantalones su cuerpo es igual al de la “barbie” con la que ya te hartaste de jugar. Así fue, no era su caso claro, su cuerpo era exquisitamente perfecto, tanto así que todas disfrutaban de el.
Al cabo de un año de hermoso romance, acordamos casarnos en un mes. Yo siempre me juntaba con mis amigas a chusmear, pero como faltaba poco para mi casamiento nos tomamos demasiado en serio la reunión y mas de una de mis “amigas” quedo en un estado lamentable. Agradezco que eso haya pasado, ya que fue allí cuando ellas lograron traicionar al encanto de mi futuro marido, y contarme todo lo que había pasado entre ellos. TODAS HABIAN ESTADO CON ÉL, hasta Mariela, que tenia en ese entonces 3 hijos y un perfecto marido, ahora probablemente tendrá unos 128 hijos y unos 50 ex maridos.
Fue entonces que decidí ya no confiar en nadie, es decir, ya no me quedaba en quien confiar. Renuncie a todo lo que había soñado, y en ese preciso momento, este trabajo insalubre me cayo como anillo al dedo, ya que hasta el diamante de 18 quilates le devolví a ese desgraciado. Ya tendrá a quien dárselo.
Y bueno, ahora estoy acá, sola, solita, sola. Yo y mi alma, esperando a que alguien toque la puerta con una docena de rosas, del color que sean no me fijo en los detalles, y me diga feliz navidad mi reina. (al mismo tiempo del dialogo suena la puerta, ella abre es un joven apuesto vestido elegante con una docena de rosas rojas:
- feliz navidad mi reina (estira las rosas para dárselas)
- Como dijo?
- que acá le traigo la pizza que pidió, son $9.50, no incluye propina.(el príncipe azul se convierte rápidamente en el chico de la pizzería, y las rosas en una muzzarella simple)
Estuvo cerca, pero hoy en día rosas nadie regala, una pizza… porque no?
- Hoy es una fecha especial, y no tengo con quien compartir esta pizza… ¿no queres pasar? (la imagen se va haciendo cada vez mas difusa)

0 Comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]
<< Página Principal